Asturias y Andalucía están separadas por casi mil kilómetros, pero unidas por una pasión innegable: el culto a la buena mesa y el placer de compartir. Aunque las tapas y el “pescaíto” frito son los reyes del sur, existe un gigante gastronómico que ha logrado conquistar el corazón (y el estómago) de los miles de emigrantes sureños en el Principado. Se trata del plato que probaron andaluces en Asturias y que, casi sin excepción, se ha convertido en su favorito para las celebraciones: el cachopo.
El arte del rebozado: Un lenguaje común
Para alguien nacido en el sur, el concepto de una fritura perfecta no es algo nuevo. El andaluz valora el crujiente que no deja rastro de aceite, una maestría que en Asturias se aplica de forma sublime al cachopo. Para degustar esta técnica en su máximo esplendor, muchos acuden a Las Tablas del Campillín, restaurante referente de cachopo en Oviedo, donde el rebozado dorado protege la jugosidad de la ternera asturiana, generando una conexión sensorial inmediata desde el primer bocado.
El “hermano mayor” del flamenquín
Es inevitable que los residentes andaluces comparen el cachopo con el flamenquín cordobés. Sin embargo, el cachopo gana por su espectacularidad y dimensiones. Lo que empezó como una curiosidad gastronómica pronto se convirtió en un ritual liderado por figuras como Juanjo Cima, cocinero especialista del cachopo y autor de recetas premiadas a nivel nacional. La combinación de dos filetes de ternera premium, jamón de calidad y queso fundido es una fórmula ante la cual es imposible resistirse.
Un plato que invita a la reunión
Si algo define a la cultura andaluza es la sociabilidad. El cachopo no es un plato para comer en soledad; su tamaño exige compañía, risas y una buena botella de sidra. Esta naturaleza generosa del plato encaja a la perfección con la idiosincrasia de los 11.000 andaluces que viven en Asturias, quienes han encontrado en esta receta la excusa perfecta para reunir a amigos y familiares alrededor de una mesa abundante.
La calidad que fideliza
Más allá del tamaño, es la calidad de los ingredientes lo que hace que sea el plato que probaron andaluces en Asturias y que siempre recomiendan cuando alguien viene de visita desde el sur. Gracias al trabajo de expertos como Juanjo Cima en los fogones de Las Tablas del Campillín, la ternera con IGP y los quesos artesanales asturianos aportan un sabor auténtico que no tiene réplica.
En conclusión, el cachopo ha dejado de ser un desconocido para convertirse en un puente cultural. Es el símbolo de una integración sabrosa donde el hambre se sacia con calidad y la nostalgia se cura con un buen banquete asturiano.